En su discurso de agradecimiento, Javier Sierra reivindicó que el trabajo cultural merece ser remunerado como cualquier otro, no obstante, evidenció que la realidad demuestra que las cifras de recaudación por derechos reprográficos, así como por préstamos bibliotecarios distan mucho entre Europa y España. «Los derechos de autor son un tema que compete a quienes detentan la autoridad para que la ley se cumpla, que son las administraciones. Y las administraciones tienen que invertir en este asunto porque al hacerlo están invirtiendo en ciudadanía y están invirtiendo en futuro», afirmó.
En cuanto a la inteligencia artificial (IA), Sierra aseguro que «cuando hace diez años se concedió este premio a Lorenzo Silva, la gran palabra de moda, el enemigo al que había que combatir, era la piratería. Hoy, en un contexto en el que tendemos a acortar las palabras para hacer más fluida la comunicación, nos hemos quedado solo con el sufijo: la IA. Pero el reto es enorme, porque nos enfrentamos a un auténtico gigante, a un Goliat que es terrible, sobre todo, porque se alimenta de nosotros, de la inteligencia natural, y transforma nuestras ideas sin pedir permiso para convertirlas en otras cosas que después se hacen pasar por creación».
Carme Riera, presidenta de CEDRO, explicó en su intervención que el Premio se ha otorgado a Sierra, entre otras cuestiones, por «su forma especial de mirar lo que hay más allá de lo que parece evidente». Riera reiteró el compromiso de CEDRO con la defensa de la creación y la sostenibilidad de la cultura escrita, y pidió a las autoridades que miren a Europa porque «la mayoría de los gobiernos europeos han solucionado con éxito los retos que aquí seguimos teniendo pendientes: han combatido la piratería a través de la formación de los más jóvenes; han regularizado las copias no autorizadas de libros, prensa y partituras en el sector público mediante acuerdos para dar solución a las oficinas públicas y a los centros de enseñanza y formación; y han empezado a responder al desafío de la inteligencia artificial desde el diálogo y la colaboración con autores, traductores, periodistas y editores». Sobre la IA aseguró que países como Noruega, Países Bajos, Suecia o Francia, sus gobiernos están impulsando modelos de inteligencia artificial éticos y respetuosos con los derechos de autor.
En el evento intervinieron Mariano de Paco, consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid y Marta Rivera de la Cruz, delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, quienes destacaron la importancia de proteger la creación y el papel de los autores.
De Paco aseguró que «detrás de un libro hay una cadena de trabajo que merece ser reconocida, sin la cual la cultura simplemente no existiría. Por eso, es tan importante la labor de CEDRO, en una sociedad de lectores, hay que proteger a quienes hacen posible que las obras lleguen a los ciudadanos».
Por su parte, Marta Rivera de la Cruz felicitó a Sierra por el reconocimiento y recordó que «cuando estudiaba periodismo, Javier ya estaba en contra de la copia de libros. Aquella anécdota me hizo pensar. Y su vida ha ido por ahí: Javier se ha dedicado a hacer pensar».
La escritora y periodista Nina George, ex presidenta del European Writers’ Council (EWC), recibió un reconocimiento especial por su defensa de los derechos de escritores y traductores en los procesos de la regulación europea de la IA.
George aseguró no estar en contra de la IA, que definió como «un molino de viento que se hace pasar por un gigante». Sin embargo, afirmó estar en contra «de las promesas de salvación que las empresas de inversión asocian a esta manipulación psicológica de tipo luz de gas». Y añadió rechazar «las condiciones de producción de la IA, del robo de obras culturales, de la explotación de los trabajadores y del asalto a los recursos hídricos; también estoy en contra de la veneración —casi religiosa— de la eficacia porque sí, de la supresión de las lenguas y de la censura que tienen incorporada los robots de texto, y estoy rotundamente en contra del masoquismo que supone delegar el valor del conocimiento humano, la comunicación y la toma de decisiones en un deus ex machina».
Ese mismo miércoles también se celebró un encuentro con medios en las oficinas de la Entidad, en el que intervinieron Javier Sierra; Carme Riera, presidenta de CEDRO, y Jorge Corrales, director general, quienes pusieron de manifiesto que autores y editores reclaman un movimiento urgente de la Administración, basado en liderazgo, coordinación y cumplimiento efectivo de la ley, también en el ámbito de la inteligencia artificial (IA).
Los tres coincidieron en que la protección de los derechos de autor no es una cuestión sectorial, sino una decisión política que define el modelo de cultura y de democracia que se quiere construir.
El premiado describió la situación como una lucha épica en dos frentes: «Por un lado, lograr una gestión material, de alcance planetario, de los derechos de autor, que incluya los usos que la IA hace de nuestros libros. Pero, por otro, contener las amenazas a la originalidad y a la libertad creativa a las que están abocándonos los algoritmos que alimentan esa Inteligencia Artificial. De cómo salgamos de ambos desafíos depende tanto el futuro económico como la solvencia intelectual de la literatura».
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