Madrid, 11/03/2026. La Fundación Margarita Salas mantiene vivo el legado de la científica, que durante catorce ediciones fue jurado de Es de libro y defendió siempre el rigor y el trabajo en equipo en la investigación. Su apuesta por la licencia de CEDRO sigue esa misma línea: apoyar la creación y asegurar que autores y editores reciban una compensación justa por su trabajo.
En esta entrevista, Lucía Viñuela, presidenta de la Fundación Margarita Salas, nos explica el trabajo de la Fundación para acercar la ciencia a la sociedad, apoyar el talento investigador desde edades tempranas, por qué consideran esencial respetar la propiedad intelectual y cómo la licencia de CEDRO encaja con los valores que defendió Margarita Salas a lo largo de su carrera.
La misión de la Fundación Margarita Salas es preservar y proyectar el legado científico y humano de Margarita Salas, promoviendo una cultura científica exigente, abierta y comprometida con la sociedad. Trabajamos para impulsar vocaciones científicas desde edades tempranas, apoyar el talento investigador y reforzar la conexión entre ciencia, educación y sociedad. Creemos firmemente que la ciencia no solo genera conocimiento, sino que también construye ciudadanía y futuro.
Actualmente desarrollamos varios programas que abarcan desde la alfabetización científica en edades tempranas y que se desarrolla en zonas rurales y barrios vulnerables o que tienen menos oportunidades de acceder a experiencias científicas —nuestro programa Dinamizadores STEAM, con 18 Aulas activas en un total de siete Comunidades Autónomas— hasta iniciativas de reconocimiento al talento investigador y acciones de divulgación, premios y becas. A principios de 2026 hemos lanzado CREA+, un nuevo programa de mentoría, innovación y emprendimiento científicos dirigido a estudiantes de últimos cursos de Grado y FPS del ámbito STEM en el que la resolución de un reto de innovación es el eje vertebrador del proyecto. Para ello los participantes están recibiendo formación de expertos en innovación y emprendimiento, se enfrentan a desafíos en equipos interdisciplinares, reciben asesoramiento y, finalmente, presentan soluciones viables que tengan además un impacto social. Todos estos programas comparten un eje común: fomentar la excelencia, la curiosidad y el pensamiento crítico como pilares de una sociedad más preparada y más justa.
Porque lo que no se ve, difícilmente se imagina como propio. Los referentes cercanos permiten que niñas y niños se identifiquen, proyecten expectativas y perciban la ciencia como un camino posible. Contar con modelos accesibles, diversos y reales es fundamental para romper estereotipos y generar confianza. Margarita Salas fue, y sigue siendo, un referente precisamente por eso: por su excelencia, pero también por su capacidad de inspirar, su cercanía, su humanidad y su historia de superación a base de demostrar su talento, en un momento en el que, además, las mujeres tenían pocas oportunidades de hacerlo. Con su carrera, ella dejó claro que la excelencia habla por sí sola en el mundo de la ciencia y en el de la investigación, pero también en cualquier lugar. Sin etiquetas, sin cuotas, solo dando las mismas oportunidades a todas las personas, vengan de donde vengan.
Nuestra Fundación nace del legado de una científica que fue autora prolífica y firme defensora del rigor intelectual. Respetar la propiedad intelectual y garantizar que autores y editores reciban una remuneración justa está plenamente alineado con nuestros valores. ¡Margarita registró 8 patentes! Detrás de cada libro, artículo o publicación hay tiempo, conocimiento, esfuerzo y talento. Proteger los derechos de autor es una forma de reconocer ese trabajo y su contribución a la sociedad. Si los autores y editores no reciben una compensación adecuada, la creación y difusión del conocimiento se debilitan. La remuneración justa permite que continúen investigando, escribiendo y publicando, asegurando que el sistema siga produciendo contenidos de calidad y por eso la licencia de CEDRO refuerza nuestro compromiso con la ética, la legalidad y el reconocimiento del trabajo creativo y científico.
Sin duda. La investigación y la creación intelectual forman parte de un mismo ecosistema y todos los agentes del sistema debemos contribuir a fomentar la ética y el respeto en el ámbito académico y profesional, asegurando así que el sistema siga produciendo contenidos de calidad. Por eso, conocer los derechos de autor no solo protege el trabajo propio, sino que también fomenta una cultura de respeto hacia el trabajo ajeno. En un entorno académico y científico cada vez más digitalizado, esta formación es clave para garantizar prácticas responsables y sostenibles.
La inteligencia artificial es una herramienta muy poderosa que puede enriquecer enormemente la investigación y el aprendizaje. No obstante, su uso debe ir acompañado de pensamiento crítico, formación ética y respeto a la autoría. Creemos firmemente que la tecnología no sustituye el rigor, la creatividad ni la responsabilidad; ésta debe ser siempre un complemento que potencie el conocimiento, no que lo desvirtúe.
Absolutamente. Las instituciones debemos ser coherentes con los valores que promovemos. Apostar por una licencia es también educar con el ejemplo y trasladar a investigadores y estudiantes la importancia de respetar y proteger la creación intelectual, evitando el plagio. La cultura científica se construye sobre la base del reconocimiento y la integridad. Cuando existe un marco que protege la creación intelectual, se incentiva la producción de nuevas ideas, investigaciones y obras. Esto beneficia a toda la sociedad, que se nutre de ese conocimiento. Realmente, respetar la propiedad intelectual no es solo una cuestión legal, sino también ética y estratégica: protege a quienes crean y asegura que el conocimiento pueda seguir creciendo y compartiéndose de manera justa.
Sin lugar a dudas transmiten valores esenciales como el rigor, la cooperación, la honestidad intelectual y el respeto por las fuentes. La investigación es, en gran medida, un esfuerzo colectivo. De hecho, Margarita siempre defendía lo imprescindible para la labor investigadora que resultaba el trabajo en equipo y la importancia de lo que se había hecho antes por otros compañeros. Todo ello sumaba y empujaba hacia el avance de los descubrimientos. Aprender a trabajar en equipo, a contrastar información y a reconocer el trabajo previo y el de otros compañeros son aprendizajes fundamentales, no solo en el ámbito de la ciencia sino también para la propia vida.
Totalmente. El ecosistema científico y cultural es profundamente interdependiente: investigadores, autores, editores, docentes y centros de conocimiento forman parte de una misma cadena de valor sustentada en la creación, difusión y la transferencia del conocimiento. La ciencia avanza apoyándose en investigaciones y publicaciones previas, en libros, artículos y materiales que han requerido el tiempo, la inversión y el talento de otros. Garantizar una remuneración justa a quienes generan y editan esos contenidos no solo es una cuestión de equidad, sino también de sostenibilidad estructural.
Cuando se protege la propiedad intelectual y se asegura una compensación adecuada, se fortalece el círculo virtuoso del conocimiento: se incentiva la producción de obras rigurosas, se favorece la diversidad editorial y se mantiene un entorno en el que la investigación y la creación pueden desarrollarse con calidad y continuidad. Apostar por ello es apostar por un futuro en el que el conocimiento siga creciendo —en cantidad, pero sobre todo en calidad— y pueda compartirse de manera responsable, ética y sostenible, en beneficio de toda la sociedad.
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