La lectura, una necesidad democráticamente imprescindible

20/10/2026

La lectura, una necesidad democráticamente imprescindible

Josep Vives i Gràcia, jefe del Servicio de Bibliotecas del Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña 

Los últimos resultados de las evaluaciones internacionales PISA han encendido todas las alarmas sobre el estado de la comprensión lectora entre niños y jóvenes, también en países de la UE que hasta ahora eran referentes para nuestro sistema educativo y nuestras bibliotecas públicas.

Más allá de las fluctuaciones propias de cualquier estudio comparativo, los datos muestran una tendencia preocupante: una parte creciente del alumnado tiene dificultades para comprender textos, interpretar información compleja, extraer significados y desarrollar una lectura crítica. Esta realidad no es solo un problema educativo, sino también un reto cultural, social y democrático. 

La capacidad de leer y comprender aquello que se lee es una competencia sin la que el resto de los conocimientos resultan inaccesibles. Sin una competencia lectora sólida es muy difícil progresar en materias como las matemáticas, las ciencias o las humanidades; por obvio que parezca, conviene repetirlo: un problema de matemáticas no puede resolverse si no se entiende la pregunta. Al mismo tiempo, la lectura es una herramienta fundamental no solo para comprender nuestro mundo, sino también para abrir nuestra mente a otras opiniones, realidades y personas. La lectura y las lecturas diversificadas actúan como catalizadores del desarrollo del espíritu crítico, la participación ciudadana responsable y la igualdad de oportunidades. Cuando una sociedad ve disminuir sus niveles de comprensión lectora, se ponen en riesgo algunas de sus principales bases de cohesión social y se abren las puertas a discursos simplistas, reduccionistas o sencillamente malintencionados. La democracia es diálogo, comprensión y empatía, y la democracia necesita de la lectura. No basta con la idea de que la biblioteca sea un ágora; es necesario que esa plaza pública sea rica y variada en miradas y opiniones, porque precisamente ahí residen los fundamentos de la democracia: conocimiento y diversidad. 

Los resultados de PISA deberían servir para repensar las políticas públicas de fomento de la lectura. Durante años se han impulsado iniciativas valiosas desde la escuela, las bibliotecas públicas, el sector editorial y diversas entidades sociales. Sin embargo, la magnitud del reto actual exige ir más allá de las actuaciones sectoriales y avanzar hacia una estrategia compartida, transversal y sostenida en el tiempo. La promoción de la lectura no puede recaer exclusivamente sobre los hombros del sistema educativo y de las bibliotecas públicas. Necesita la implicación del conjunto de la sociedad. 

En este contexto, cobra fuerza la idea de una gran alianza civil por la lectura. Una alianza que reúna a administraciones públicas, centros educativos, bibliotecas, familias, medios de comunicación, entidades culturales, universidades, empresas y tercer sector en torno a un objetivo común: convertir la lectura en una prioridad colectiva, también en formato digital, porque el problema no son las pantallas, sino el hecho de que progresivamente la lectura, la comprensión lectora y el espíritu crítico han perdido su posición central. 

Al igual que se han impulsado pactos sociales en ámbitos como la salud, la sostenibilidad o la cohesión social, también sería necesario situar la lectura en el centro de las políticas de país, alejándonos de falsos prejuicios o apriorismos impuestos más por el péndulo de una falsa modernidad que por evidencias científicas. 

Esta alianza debería promover acciones coordinadas para incrementar el tiempo de lectura, reforzar los hábitos lectores desde la primera infancia, garantizar el acceso universal a los libros, prestigiar socialmente la lectura y apoyar a los mediadores que la hacen posible. Docentes, bibliotecarios, familias y voluntarios son piezas clave de un ecosistema lector que necesita más reconocimiento y más recursos. 

La respuesta a los resultados de PISA no debería consistir en buscar culpables, sino en construir complicidades. Si queremos mejorar la comprensión lectora de las nuevas generaciones, debemos entender que la lectura es una responsabilidad compartida. Solo una alianza amplia, estable y comprometida podrá convertir este reto en una oportunidad y garantizar que leer siga siendo una de las principales herramientas de progreso personal y colectivo. 

El Día de las Bibliotecas, promovido por el Ministerio de Cultura y el Consejo de Cooperación Bibliotecaria, podría ser un buen punto de partida para abrir el debate e impulsar la necesidad de esta alianza civil por la lectura. Ya estamos en el tiempo de descuento del partido. 

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