Prohibido creer que pensar es distinto que calcular

26/05/2026

Prohibido creer que pensar es distinto que calcular

Jorge Corrales, director general de CEDRO 

El filósofo alemán Martin Heidegger, uno de los grandes pensadores del siglo XX, distinguía entre los conceptos pensar y calcular. En su planteamiento, pensar implica reflexionar sobre el sentido de las cosas, mientras que calcular consiste en procesar información y obtener resultados. Actualmente, con la irrupción de la inteligencia artificial (IA), se nos está imponiendo deshacer dicha distinción —igualándolas— con las consecuencias graves que conlleva para la creación, la educación y el propio progreso colectivo. 

En este marco, la creación —pensar— parte del mundo de las ideas, los conceptos y los sentimientos hacia otro plano, donde los significados de esas ideas son comprendidos de forma compartida por la ciudadanía como ocurre, por ejemplo, con el idioma.  

De la misma forma, la investigación —pensar— nace también en ese primigenio lugar donde se origina el impulso de la creación. Posteriormente, persigue su materialización mediante el omnipresente método científico, recurriendo a la tecnología del lenguaje, sea matemático o no.  

Por el contrario, la generación de contenidos —calcular—, como cuando se aplican las matemáticas avanzadas de la IA a la producción en masa de textos, canciones o imágenes, no parte de ese origen —de las ideas—, sino que lo hace desde lo ya establecido, lo ya pensado, lo ya creado. Parte del esfuerzo realizado anteriormente por otros, del trabajo previo de mucha gente que ha contribuido a hacer realidad sus «visiones conceptuales» y compartirlas con todos los demás, buscando el progreso colectivo.  

De ahí, que la creación y la investigación se toquen, sean capaces de compartir el mismo latido, aunque es posible que, en ocasiones, puedan tomar distintos caminos según sus fines. A veces, interesadamente complementarios, como el enriquecimiento del espíritu del propio ser frente al enriquecimiento del ser. En cambio, la generación de contenidos en masa no comparte nunca esa esencia conceptual, ni en su origen ni en su fin, puesto que no deja de perseguir nada más que la eficiencia en un proceso.  

El verdadero progreso: educación y pensamiento 

Frente a este modelo de producción automatizada de materiales en masa, en mi opinión, el verdadero progreso consiste en ensanchar el mundo y la mirada de todos aquellos que estén dispuestos a hacer el esfuerzo de saber y pensar más, y de comprender mejor; de quienes todavía creen que sigue siendo un privilegio disponer de alternativas como la educación, la cultura o la información. Posibilidades que —aun siendo mejorables en algunos casos— nos resultaban inalcanzables hace relativamente poco y, lamentablemente, hoy siguen siéndolo en muchas zonas del planeta, ya sea por defecto —por falta de acceso o por censura explícita— o por exceso —por la intoxicación debida al acceso desmedido a contenidos, que acaba generado una -censura implícita al no permitir la información de calidad—. 

Se suele seguir estirando de la ficción interesada de que lo moderno es no reflexionar; de que lo moderno es simplemente «disponer en masa», sin que ello vaya acompañado de pensamiento. Sin embargo, ¿cómo se podrá generar un movimiento de progreso cuando existen tantos obstáculos en el camino que casi no nos es posible tener el espacio necesario para dar el salto hacia el desarrollo del pensamiento propio?  

En este punto, la responsabilidad de quienes construyen los «trampolines» —familias y Administraciones públicas— no puede ser voluntaria; es obligatoria. Y también lo es con aquellos que trabajan incansablemente en mostrarnos, mediante las palabras tejidas en sus obras, las piezas de lego que, afortunadamente, todas las personas podemos utilizar para construir nuestro propio lugar en el mundo.  

Para ello, serían necesarias políticas eficientes de intervención. Curiosamente, encontramos modelos muy sencillos en la vida cotidiana. Mercadona es un ejemplo de cómo hacerlo, con sus mensajes de intervención, desarrollados con la inestimable colaboración de su personal, para lograr que al final del día los carros de la compra no contengan ni guantes ni bolsas abandonadas por clientela «olvidadiza». 

Ante esta realidad, cabe preguntarse cómo estamos preparando a la juventud para que sea capaz de formular mejores cuestiones si no se le ayuda a identificar las intenciones y las corrientes que intentan orientar, de forma codiciosa, sus navegaciones. La sensación que se percibe viendo el entorno en el que vivimos —y que confirman los últimos estudios como el informe H/orizontes de H/Advisors y 40dB1— es que no le estamos dando las soluciones adecuadas.  

Los jóvenes se han dado cuenta de que el tinte utilizado para deslumbrarles no aguanta ni un lavado. ¿Qué es la educación sino el proceso para dar herramientas del pensamiento mediante el imprescindible—entre otros— privilegio del trabajo intelectual2

¿Podemos educar partiendo, desde el origen, del mensaje implícito de que la democratización del conocimiento consiste en la eliminación de la presencia del mérito (creación) o deberíamos hacerlo desde el convencimiento de que ambos son necesarios? Y si «masificamos» —con la intención de «democratizar»— todo lo que es el ser humano, ¿en qué se convierte el ser humano?  

Para los griegos, la educación constituía un trabajo continuo, basado en la reflexión, con el fin de que el individuo fuera útil para la polis (ciudad-Estado), para la comunidad. Ambos principios reaparecieron también en las iniciativas desarrolladas tras la segunda guerra mundial.  

Hoy en día, sin embargo, parece que impera otra lógica y se busca que el individuo sea útil para otros individuos o grupos, más que para la propia polis, sustituyendo el pensamiento por una visión más instrumental, basada en la mera utilidad. 

La reducción del círculo de decisión frente a la búsqueda del entendimiento 

Al acostumbrarnos a buscar las respuestas en nosotros mismos, en la imagen que refleja nuestra figura en el espejo —sesgo in group o la «misma tribu», como se denomina en algunos entornos—, nos olvidamos de aquel viejo principio histórico de progreso: ir a «hombros de gigantes», es decir, avanzar apoyándonos en lo que otros han logrado. En algunos casos estos «out group», nos muestran el camino. Un ejemplo de ello son los datos sobre el trabajo de los escritores, traductores y editores en otros países europeos, señalados en los informes del Observatorio de Sostenibilidad para la Cultura Escrita.  

Como consecuencia de este comportamiento, los derechos de los creadores se han visto empujados a una lucha interminable en el terreno jurídico y administrativo, convertida en una especie de «juego de la oca» entre los distintos niveles competenciales de las propias Administraciones públicas —como si se tratasen de las distintas capas de un modelo de IA—. En este recorrido, los trabajadores de la cultura deben avanzar para recuperar su libertad para crear, casi como luchaban los esclavos en el circo romano. 

A ello se suma que, si es verdad que las grandes plataformas (Meta, Google, etc.) han canibalizado —de forma similar a la mostrada en el cuadro, Saturno devorando a su hijo, del gran maestro Goya— a uno de los pilares de nuestro sistema democrático, la prensa, no menos cierto es que las Administraciones públicas también lo están haciendo. Primero con el «copia y pega» y, ahora, con las iniciativas de generar contenidos con herramientas de IA —abrazadas nuevamente a algunas de esas mismas grandes plataformas3 — y sin reportar los usos (trazabilidad) ni establecer remuneración alguna para los creadores cuyas publicaciones han utilizado para entrenar sus modelos de inteligencia artificial. De este modo, el sector público está reproduciendo el mismo comportamiento que las tecnológicas con el trabajo de muchos escritores, traductores y editores que no disponen de la ventaja competitiva de ser, al mismo tiempo, «usuario final y productor», lo que genera un desequilibrio en el ecosistema de los contenidos en perjuicio de los que crean y editan. 

En el fondo, volvemos una y otra vez a la teoría del mercado de los dos lados —en la cual una empresa o institución desarrolla su mercado captando primero a los clientes y, posteriormente, dejando sin margen a los proveedores—, todavía considerada como «progreso» por algunos. Y nos olvidamos no solo de todos los mensajes implícitos que esta teoría conlleva, sino también de la evidencia empírica que ha llevado a su corrección, como demuestra la regulación europea (por ejemplo, DMA o DSA), orientada a subsanar dicho desequilibrio y promover una relación más justa entre todos los agentes que operan en el mercado digital.  

El valor de lo intangible 

Estoy convencido de que, con el paso del tiempo, un contenido editorial bien contextualizado, estructurado, verificado y con un responsable humano acabará teniendo el valor similar al de una denominación de origen (de eso sabemos mucho en nuestra agricultura y ganadería). Todo depende de cuál sea, o con quién o quiénes se decide contraer la obligación en la actuación, así como las expectativas a corto, medio o a largo plazo y los compromisos que se asumen o quieran asumirse. En esta situación, la mera decisión monetaria no debería ser el único criterio desde el ámbito de la cultura, la educación o el consumo, ya que los intangibles que se generan en dichos entornos quedaría reducidos, por defecto, a cero, sesgando el resultado final del cálculo, como muchos economistas ya señalan.  

No podemos pasar por alto que esta máxima de que, si solo medimos lo que tiene precio, acabaremos tomando decisiones como si lo demás no valiera nada. Esta lógica se agrava cuando se inicia el camino de no respetar el marco de derechos de autor establecido y se pretende sustituir por una cultura subvencionada. 

En todo caso, podríamos hacernos las mismas preguntas que, en el ámbito de la IA, sugiere Emily Bender, profesora de Lingüística en la Universidad de Washington, adaptadas al sector derechos de autor: 

  • ¿Qué se está automatizando o qué se está copiando/utilizando? 
  • ¿Quién lo está automatizando y por qué o quién lo está copiando/utilizando y por qué? 
  • ¿Quién se beneficia de está automatización o quién se beneficia de esta reproducción/utilización? 
  • ¿Hasta qué punto funciona bien la automatización en el caso de uso que estamos considerando o hasta qué punto funciona bien esta reproducción/utilización en el caso que estamos considerando? 
  • ¿Quiénes son los perjudicados?  
  • ¿Quién es responsable del funcionamiento del sistema automatizado? o ¿Quién es responsable del funcionamiento —transparencia— de esas? reproducciones/utilizaciones? 
  • ¿Qué normativa vigente se aplica ya a las actividades en las que se utiliza la automatización?  

A las que se podría sumar: ¿cuál es la forma más sostenible de dar respuesta a todos los colectivos implicados? 

Y, por supuesto, dejemos de pensar que los sistemas de IA son «cajas negras» ya que esa descripción es, por definición, anticientífica. Atribuir misterio a un mecanismo conocido no es más que una forma de misticismo4

Gracias 

Por todo lo anterior comentado, es de justicia reconocer a quienes sostienen este ecosistema de creación y pensamiento. Como muchos saben, el pasado 29 de abril, se celebró, en el Instituto Cervantes de Madrid, la entrega del Premio CEDRO en su décima edición.  

El premio —sin dotación económica— está cargado de simbolismo. En palabras del premiado de esta edición, Javier Sierra, este galardón representa la lucha de David contra Goliat. En esta ocasión también viajamos fuera de nuestras fronteras para reconocer el trabajo de la escritora y periodista alemana Nina George, que trabajó por el derecho de los autores en Europa en el proceso de regulación de la IA. 

Agradezco también a todos los que han defendido la propiedad intelectual de nuestro colectivo por su compromiso, bajo el entendimiento aristotélico de que «el todo —el conjunto— es más que la suma de las partes». Entre ellos, a los premiados en ediciones anteriores, que pudieron acompañarnos en directo, como Lorenzo Silva, Julia Navarro, Pepa Fernández, Rosa Montero, José María Merino, Marta Rivera de la Cruz, José Andrés Torres Mora, Gemma Lienas y Manuel Rivas, y aquellos que no pudieron estar con nosotros: Antonio Muñoz Molina, Eduardo Maura y Emilio del Rio

Ellos son, junto con el resto de los más de 37.000 socios y socias de CEDRO, la verdadera fuerza de la institución. Gracias por no dejar de escribir y por seguir reclamando los derechos del colectivo, como lo han hecho recientemente:  

- Javier Sierra: https://www.larazon.es/opinion/david-goliat_2026050469f7cc797b1d574ac6668b8b.html 

- Manuel Rico: https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/cultura-armas-destruccion-masiva-victima-derechos-autor-creacion-literaria-artistica/20260425212314249459.html 

- Gemma Lienas: https://www.lavanguardia.com/encatala/20260508/11532178/propietat-intel-lectual.html 

- Manuel González: https://editoresmadrid.org/entrevista-a-manuel-gonzalez-presidente-de-la-fgee-y-de-liber-las-nuevas-tecnologias-deben-mejorar-la-eficiencia-sin-poner-en-riesgo-la-creacion-ni-la-propiedad-intelectual/ 

- Conferencia de Asociaciones de Escritores y Escritoras: https://www.eldiario.es/cantabria/asociaciones-escritores-reclaman-potes-regular-legalmente-inteligencia-artificial-generativa-proteger-derechos-autor_1_13212792.html 

- Daniel Fernándezhttps://www.lavanguardia.com/cultura/20260511/11534731/escaldados-cocidos.html 

Gracias también a las empresas e instituciones responsables con la actividad creativa, vosotras demostráis con los hechos que sabéis integrar en el cálculo de vuestra toma de decisiones el pensamiento del valor de los inmateriales que nos permiten progresar como seres humanos en base a nuestra inteligencia natural. 

Y, por último, gracias a los medios de información por dar visibilidad a la iniciativa y al resto de entidades de gestión por vuestro apoyo, seguiremos en la tarea. Porque el verdadero progreso no consiste en calcular mejor, sino en seguir pensando, creando, reconociendo y promoviendo el valor de esta contribución a la sociedad. 

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1Opinion: Artificial intelligence and YouTube Kids .Chicago Tribune.  30 de abril de 2026. https://www.chicagotribune.com/2026/04/30/opinion-artificial-intelligence-ai-youtube-kids/

2 Lodge, J. M., & Loble, L. (2026). Artificial intelligence, cognitive offloading and implications for education. University of Technology Sydney. https://www.uts.edu.au/news/2026/03/experts-warn-unstructured-ai-use-in-schools-risks-cognitive-atrophy/contentassets/ai-cognitive-offloading-and-implications-for-education.pdf

Opinion: Artificial intelligence and YouTube Kids .Chicago Tribune.  30 de abril de 2026. https://www.chicagotribune.com/2026/04/30/opinion-artificial-intelligence-ai-youtube-kids/

Understanding Artificial Neural Networks: Mysterianism about Know Mechanism is Mysticism. Zenodo, 2025, https://zenodo.org/records/20071869

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