Corea del Sur: el fracaso de los libros con IA y la vuelta al papel

03/03/2026

Corea del Sur: el fracaso de los libros con IA y la vuelta al papel

Madrid, 03/03/2026. Corea del Sur ha dado marcha atrás a su ambicioso plan educativo que pretendía sustituir los libros de texto tradicionales por manuales generados con inteligencia artificial (IA). El «Plan de Promoción de Libros de Texto Digitales con IA», impulsado por el Ministerio de Educación y diseñado para modernizar la enseñanza con 76 libros digitales de inglés, matemáticas y programación aprobados para uso en 2025, ha fracasado. 

El proyecto, dotado con una inversión cercana a los 580.000 euros (más de 1,2 billones de wones), comenzó su implementación en marzo de 2025 con el objetivo de personalizar el aprendizaje y reducir la carga de trabajo del profesorado. Sin embargo, en apenas cuatro meses, surgieron problemas técnicos, errores de contenido y dificultades de uso, lo que llevó a un rechazo entre los y las profesoras y el alumnado, tal y como recogieron varios medios de comunicación

Las quejas de docentes y familias, sumadas a un bajo grado de adopción en centros educativos, aceleraron la discusión política sobre el futuro de los manuales digitales con IA. 

El 4 de agosto de 2025, la Asamblea Nacional de Corea del Sur aprobó una enmienda a la Elementary and Secondary Education Act, la ley que regula el sistema educativo en el país, que cambió el estatus legal de los libros con IA. Con esta modificación, los libros digitales dejaron de ser considerados «libros de texto oficiales» y pasaron a clasificarse como «materiales educativos», es decir, materiales de apoyo. 

Esta reclasificación legislativa reduce su obligatoriedad, ya que los centros educativos ya no están obligados a adoptarlos ni cuentan con financiación estatal específica para su uso como textos oficiales. 

Un debate global: pantallas y aprendizaje 

Uno de los principales fallos del modelo surcoreano, tal y como se explica en varios medios de comunicación, fue la hiperpersonalización, que olvida que la educación es un proceso humano. Al fragmentarse el grupo o la clase, el alumnado deja de convivir en un espacio común, perdiendo la interacción social que sostiene la motivación y la ayuda mutua. 

La experiencia demostró que el debate, las preguntas espontáneas, las explicaciones entre compañeros y las tareas colectivas no se puede digitalizar.   

Frente a esta dinámica, la UNESCO y otros expertos recuerdan que, ante todo, las aulas son espacios de socialización en los que interviene tanto el alumnado como el profesorado. Y en este contexto, la tecnología puede ser un valor añadido, pero no reemplazar estos procesos. 

© Shutterstock

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