¿Un problema sin solución?

¿Un problema sin solución?

26/05/2016

Por Magdalena Vinent, directora general de CEDRO*

El último informe de la Coalición de Creadores sobre la piratería es demoledor para el sector editorial. La piratería de libros de ocio se ha incrementado en el último año en un 36 por ciento. Si se añadiera la piratería de las publicaciones educativas y profesionales y la que afecta a periódicos y revistas, este porcentaje sería todavía mayor.

El consumo ilegal de contenidos editoriales de ocio ha hecho que el sector dejara de percibir 103 millones de euros en 2015 y afectó, sobre todo, a las novedades.

Esta práctica ilegal no solo causa pérdidas económicas a los autores y editoriales, también genera un perjuicio directo a la sociedad. Los autores no pueden vivir de su trabajo y los editores no recuperan la inversión efectuada, lo que provoca un empobrecimiento cultural que nos afecta a todos. Y esto es así en la medida en la que se produce una merma en la diversidad e independencia de la creación.

Hace unas semanas publicamos la información de este estudio en El blog de CEDRO, y recibimos una serie de comentarios en los que en vez de sorprenderse de que un país democrático como el nuestro y con una larga tradición artística alcanzara estos niveles de piratería, se atacaba a los creadores y a las industrias culturales. Sorprende más si cabe que esta reacción suceda en un país que siempre aspira a estar en los primeros puestos de todos los rankings de calidad y excelencia.

Vaya por delante que el mundo de la cultura y sus industrias habrán cometido errores en sus estrategias para adaptarse al mundo digital. Puede también que este proceso haya sido más lento de lo que hubiera sido deseable en algunos aspectos.

Lo que argumentan los piratas

Sin embargo las razones que se esgrimen para piratear productos culturales no se aplican a ningún otro producto. Además del precio, nos encontramos con justificaciones como la facilidad para el pirateo, no pagar por algo que no sabe si gustará, que esta práctica no hace daño a nadie o que no hay consecuencias legales para los que la practican.

Detrás de estos argumentos se desprende una falta de aprecio y valoración a la cultura, a los creadores y a su trabajo. Y este problema no se soluciona solo con leyes, que si bien son imprescindibles, necesitan de otra serie de estrategias complementarias.

Es en este punto donde la Administración, el sector educativo y los propios afectados debemos hacer un esfuerzo para explicar a los ciudadanos cuál es el impacto real que tiene la cultura en la sociedad, así como para facilitarles un código de circulación digital para que internet sea un espacio seguro para todos. También para los creadores y sus obras.

Pie de foto: © Shutterstock.


* Artículo publicado en la revista Qué Leer en su número de abril.

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