. Esta fue la conclusión general a la que llegaron los ponentes de la
Los participantes del coloquio fueron el escritor
Alberto Olmos;
Manuela Lara, directora de Proyectos y Desarrollos de
Santillana Negocios Digitales;
Javier Celaya, director de
Dosdoce.com; y nuestro presidente,
Pedro de Andrés, quien ejerció de moderador.
Muchos estamos ya en la nube a través del
correo electrónico o de nuestra participación en las
redes sociales, y ya se está trabajando para que le llegue el turno al
libro. Hay algunas plataformas que han iniciado ese camino, fundamentalmente en
Estados Unidos, aunque en
España también hay algún
proyecto reciente.
El libro en la nube no es otra cosa que subir los contenidos a un
servidor. Para acceder a ellos solo hay que adquirir un servicio de
lectura en pantalla. Los libros no se poseen físicamente, sino que se
alquilan los contenidos por un tiempo determinado. Según el director de
Dosdoce.com «se debería garantizar al lector la posibilidad de
obtener también un archivo».
Para
Celaya el gran cambio que para la lectura va a suponer el libro en la nube es que se puede convertir en una
actividad social, ya que se tendrá la posibilidad de
compartir la experiencia lectora con otros (párrafos preferidos, anotaciones, etc.). El director de
Dosdoce.com no duda en que si se consolida la lectura en la nube como una actividad social se
incrementarán los índices lectores.
La nube abre también grandes posibilidades para
editores y
autores.
Manuela Lara destacó que esta nueva modalidad permitirá a las editoriales
conocer en profundidad a sus lectores y dar un
mejor servicio a los escritores, para lo que serán necesarios
nuevos perfiles editoriales que sepan interpretar la información que ofrezca esta lectura en
streaming. Por su parte, los autores podrán conocer de primera mano la
opinión de sus lectores, tal y como destacó
Alberto Olmos.
Eso sí, los ponentes alertaron de varias circunstancias en las que hay que tener especial cuidado. La primera de ellas la puso sobre la mesa
Javier Celaya, que advirtió de que se debe
garantizar la protección de los datos privados de los lectores y que esta información no sea utilizada con
fines comerciales sin su permiso. «Yo estoy dispuesto a ceder mis datos personales de lectura con una editorial o una plataforma, siempre y cuando hagan un uso respetuoso de esos datos», aseguró.
Manuela Lara, por su parte, remarcó que «las
editoriales serán
especialmente cuidadosas con estos datos, sobre todo con los que pertenezcan a menores de edad».
Olmos destacó la posibilidad de que se «
desnaturalice» la lectura.
La tercera circunstancia que se deriva de la lectura en la nube es el tema de los
derechos de autor.
Pedro de Andrés afirmó que «habrá que analizar profundamente la nueva forma de
retribuir a los autores en concepto de derechos».
Vivimos un momento de
transformación del libro y de la lectura. Los
nuevos modelos de negocio que están surgiendo deberían ajustarse a las necesidades de los lectores y a las posibilidades que ofrece la tecnología. Este es el gran reto del sector.