“Como un escritor, el traductor pone en contacto dos mundos diferentes”. Así definió el reconocido y premiado traductor y escritor Mario Merlino (Argentina 1948-España 2009), miembro de la Junta de CEDRO durante varios años, el papel que desempeña el traductor en nuestra sociedad. Esta cita está extraída de uno de los artículos que escribió hace unos años para nuestro
Boletín Informativo, y en él se desprendía su profunda convicción de la necesidad de mejorar las condiciones profesionales de este colectivo.
En CEDRO estamos convencidos de la necesidad de reconocer el trabajo de los traductores y su contribución al desarrollo y la diversidad cultural , como defiende precisamente hoy en
El País Manuel Rodríguez Rivero en su artículo “
El autor oculto”.
Pequeños grandes logros, como mencionar de forma destacada su nombre junto al del autor y el editor en un libro, han ayudado a hacer más visible su trabajo , aunque también aquí quede camino que recorrer. Pero sin duda el momento más importante para los traductores llegó con la ley de propiedad intelectual de 1987, en la que se les reconocieron de manera inequívoca sus derechos como autores, en consonancia con la regulación internacional de derechos de autor.
A día de hoy, 3.446 de nuestros socios han traducido al menos una obra. Se trata de un colectivo importante, que también está representado en nuestra
Junta Directiva, y con
cuyas asociaciones profesionales colaboramos y desarrollamos acciones específicas para ellos: actividades de formación, servicios telemáticos o jornadas tan prestigiosas como las que se llevan a cabo todos los años en Tarazona. Además, los traductores reciben de CEDRO derechos económicos por la reproducción de las obras sobre las que tienen derechos (en los repartos de nuestra Entidad, el valor autoral de cada obra traducida se distribuye a partes iguales entre autor y traductor), y también se pueden beneficiar de las ayudas sociales y asistenciales.
Puentes entre culturas e idiomas, nunca se encarecerá suficientemente el papel de los traductores. En CEDRO, desde luego, ocupan un lugar destacado, y reclamamos que la sociedad sepa reconocer su labor.