Usted me pregunta si sus versos son buenos

Usted me pregunta si sus versos son buenos

10/04/2018

Por Elena Medel, escritora*.

Los libros nos cuentan varias historias más allá de la propia historia que nos cuentan. Me explico: los libros nos cuentan la historia que se escribe, por supuesto, pero también la historia de quien escribe y la historia de quien lee. En las decisiones —qué decir y cómo decirlo, por ejemplo— se filtran las circunstancias del autor o la autora, y la actitud con la que nos acercamos a los textos describe, muchas veces, a quienes esperamos al otro lado del papel.

Hay un libro que cuenta mi historia, o al menos mi historia en su momento de lectura: mi ejemplar de las Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke. Lo compré en mi adolescencia, en busca de un oráculo que me indicase dónde rimar y dónde quebrar el verso. El libro recoge los consejos de Rilke a Franz Xaver Kappus, que pretende saber «si sus versos son buenos». Y Rilke le contesta: «Me lo pregunta a mí, como antes preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien —ya que me permite darle consejo—, he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo.»

Kappus —que debe su fama a estas cartas, y no a su trabajo posterior como novelista y guionista— no logra que Rilke apruebe o suspenda sus poemas, pero sí recibe un puñado valiosísimo de opiniones sobre la creación: Rilke reivindica una escritura libre y urgente, brotada de la necesidad íntima, que exista por sí misma sin depender de la sanción de los demás. En aquellla primera lectura Rilke me enfadó —lo sé por los signos de interrogación con tinta verde que se suceden en los márgenes—, pero con el tiempo y los cambios de bolígrafo comprendí la lógica de ese espacio que Rilke cedía a Kappus para convertirse en Kappus, y no en un sucedáneo del poeta al que admiraba.

¿Cómo escribir? ¿Cómo empezar a escribir? Prueba y equivócate hasta encontrar tus propias fórmulas. Durante un tiempo creí que un verso o una imagen merecían la pena si me negaba a escribirlos, y sin embargo aguantaban en la memoria: pero he perdido demasiadas ideas con ese experimento, y ahora siempre me acompaña una libreta. Valoro conversar sobre el texto con alguien que entienda lo que aspiro a escribir, que conozca mis referencias y los modelos en los que me fijo, pero que disponga de la confianza suficiente como para reconocer —sin titubeos, sin excusas— que lo que he escrito se aleja en exceso de lo que querría haber escrito. Para mí el tiempo de escritura no se limita al tecleo frente al ordenador, sino que abarca también todas las lecturas anteriores, quizá durante años. Quizá te sirva todo lo contrario: no anotar tus ideas o desarrollarlas en el momento en el que surjan, leer durante el proceso de escritura o durante el tiempo de corrección, confiar en alguien a quien no conoces o no confiar en nadie más que en ti. Si algo te funciona, está bien.

Los decálogos funcionan como un juego: no existe un manual de instrucciones para la escritura. La escritura, de hecho, también funciona como un juego. Si quieres escribir, lee. Lee de todo y léelo todo. Libros buenos y malos libros, para identificar qué te interesa y de qué huyes. En cualquier género y con cualquier discurso, porque hasta las escrituras en nuestras antípodas nos enseñan una música o un recurso que desconocíamos. Lee para disfrutar —la lectura funciona como un juego—, y lee con un bolígrafo en la mano. Si prefieres respetar el libro, apunta en un cuaderno qué te llama la atención, y prueba —un juego— a comparar tus sensaciones relectura tras relectura. Escribe, escribe sin más, por el gusto puro de escribir, pero escribe otras veces después de haber imaginado qué libro quieres escribir, qué mensaje transmites. Ten claro que con la literatura tienen que ver la escritura y la lectura, los procesos más íntimos, pero que el resto de pasos —publicar un libro, presentarlo, promocionarlo, y etcétera, y etcétera— dependen muchas veces del azar. Pero ese es otro asunto: ahora lee. Escribe. Lee más. Tíralo a la papelera. Comienza de nuevo. Lee otro rato. Lee otro rato más. Corrige. Escribe un poco. Corrige. Escribe, escribe. Lee. Y nunca —como rogaría Rilke— preguntes si tus versos son buenos.

Foto: Gabriela Cuzepan


*Elena Medel nació en Córdoba en 1985, aunque reside en Madrid. Es autora de tres libros de poesía, reunidos en Un día negro en una casa de mentira (Visor, 2015), y de los ensayos El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado (Ariel, 2015) y Todo lo que hay que saber sobre poesía (Ariel, 2018). Su debut se ha editado en inglés (My First Bikini, con traducción de Lizzie Davis; Jai Alai Books, 2015), destacando entre las versiones de sus poemas a una docena de idiomas. Dirige la editorial de poesía La Bella Varsovia, colabora con diversos medios de comunicación, imparte talleres de escritura y coordina el proyecto Cien de cien, para la visibilización de la obra de las poetas españolas del siglo XX. Entre otros galardones, ha obtenido el XXVI Premio Loewe a la Creación Joven y el Premio Fundación Princesa de Girona 2016 en la categoría de Artes y Letras.

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